Conócenos
La historia que ha endulzado Pitillas.
A los pies de la Sierra de Ujué, en el centro de Navarra, en la Zona Media, descansa Pitillas.
Da nombre a la piedra de sus canteras, con la que tan bellos edificios se han construido a lo largo del tiempo. Pitillas, es pueblo de piedra y de viñas, con sus ricos vinos, y también es pueblo con una maravillosa laguna que hospeda a multitud de aves y sirve de descanso a tantas otras en sus migraciones. Es el pueblo donde nace nuestro obrador (finales de los años 30) para elaborar pan. Como la piedra, la laguna y el vino, nuestras pastas también toman su nombre del pueblo: Las Pitillas, y seguimos la forma de elaborar de siempre y el mimo por los ingredientes, para traerlas hasta hoy, para poder seguir disfrutando los sabores auténticos.
La actividad en el obrador comenzaba todavía de noche, elaborando con esmero los panes que empezaban a estar listos antes de amanecer.
El aroma a pan recién hecho viajaba por las calles de Pitillas e iba llamando a las puertas de los vecinos. También se acercaba hasta Murillo el Cuende, con un carro tirado por un burro. No había carretera por entonces, y aunque no estaba lejos, en invierno el transporte, como el resto de las labores de la época, resultaba duro.
El obrador, en el centro de Pitillas, era lugar de encuentro, de conversaciones, y de cálido refugio los días fríos y lluviosos que no permitian los trabajos en el campo.
En aquellos años, aunque nadie hablaba de eficiencia energética o sostenibilidad, la forma de vida y de trabajo, se regía por estos mismos principios. Se aprovechaban los sarmientos de las viñas para la lumbre del horno y la harina provenía de los trigales del entorno.
El trabajo y la dedicación nos traen hasta hoy, en el obrador entre Olite y Tafalla, muy cerca de donde empezó todo, y donde mantenemos el mismo cariño en nuestros procesos y podemos seguir ofreciendo la misma esencia de entonces.
